Posteado por: Viento | 11 abril, 2008

No moriste en soledad

Hace un par de días se celebraron numerosos actos por el quinto aniversario de la muerte de José Couso. Realmente me da igual que Couso falleciera el 8 de abril y no el 9 o hace tres meses. Muertes como la suya deberían estar siempre en nuestra memoria y no sólo en un día señalado.

Porque el calendario esta teñido de un rojo oscuro y espeso, porque está repleto de días señalados, porque las muertes injustas no cesan en vacaciones. 

Quiero recordar a José Couso con unos versos que Mario Benedetti dedicó a Soledad Barret:

soledad no moriste en soledad

por eso tu muerte no se llora

simplemente la izamos en el aire

desde ahora la nostalgia será

un viento fiel que hará flamear tu muerte

para que así aparezcan ejemplares y nítidas

las franjas de tu vida

Posteado por: Viento | 24 marzo, 2008

El castigo de la abstención

El siguiente post debería haberse publicado el pasado lunes día 17 de marzo.

Parece que en las recientes elecciones municipales la Unión para el Movimiento Popular no ha conseguido “mover al pueblo” francés todo lo que al Presidente Sarkozy le hubiera gustado. Hoy muchas ciudades amanecían socialistas en el país vecino: Paris, Estrasburgo, Lille, Périgueux, Caen, Reims, Amiens, Metz, Saint-Etienne, Angers,… y Toulouse, la sureña Toulouse, la Toulouse que durante 37 años consecutivos ha gobernado la derecha.

En las elecciones presidenciales y legislativas del pasado año un 85 % de los votantes potenciales acudió a las urnas. Sarkozy salió victorioso entonces. Ayer, en la segunda vuelta de los comicios municipales, tan sólo un 65 % de la ciudadanía ejerció su derecho al voto. Una vez más, el pueblo dictó sentencia. Los excesos de Nicolás han pasado factura a la derecha francesa.

Posteado por: Viento | 24 marzo, 2008

Siento Atocha

El siguiente post debería haber sido publicado el pasado domingo 16 de marzo.

La casualidad quiso que hoy, el día de mi cumpleaños, perdiera un tren que debía llevarme de Madrid a Murcia. Cuatro horas por delante. Nervios, disgusto, desazón… Pero ya no. Ahora contemplo Atocha y líneas azules vuelven a recorrer el ancho de un folio blanco impoluto. Dos íntimos amigos, Armónica y Guitarra, hablan melodías en plano de fondo mientras yo, sentado en una butaca mojada por el vapor de agua que cada día resucita este jardín, leo El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano. Quiero dar un abrazo a Atocha:

Las puertas de la estación se abren ante una dulce niña a la que una sombra persigue. Como guiada por un sueño, se va acercando al lugar del que procede la música, pausada, temerosa y ansiosa al mismo tiempo. La parlanchina pareja calla ante la llegada de la pequeña.

 

        ¿Qué es eso?

        Es el instrumento de Dylan. ¿Quieres tocarla?

        No.

        Te regalo una canción.

        Vamos cariño, es tarde.

Sombra e hija se alejan de la mano al son de Blowing in the wind.

 

El tiempo cobra muy diversas formas en lugares como éste. Atocha es prisa y pausa. Es recuerdo y profecía. Es presente, futuro y pasado. Atocha es ruido, música, conversación, silencio. He estado aquí cientos de veces, pero hoy, por primera vez, siento Atocha.

Posteado por: Viento | 24 marzo, 2008

Llegar a tiempo

Me estaba acordando de mis abuelos. Ya no sé recordar a uno sin hacer lo mismo con el otro y, sin embargo, ellos apenas se conocían. Los dos parecían hombres de pueblo, sin más interés que cualquiera de esas personas venidas a menos que se reúnen en un bar lleno de humo para jugar a las cartas o al dominó, enfadarse como níños y hablar todos los días sobre los mismo temas y las mismas anécdotas que, no obstante, cada día cambian de escenario, tiempo e incluso protagonistas. Pero creo que llegué a tiempo. A tiempo para mí, claro. A tiempo para darme cuenta de que no había nada más lejos de la realidad.

Poco antes de que marcharan (y ya era hora, porque merecían ese descanso), empecé a comprender. Hoy en día estamos acostumbrados a construir la casa por el tejado. Y lo siento, pero en esto no estoy de acuerdo con Fito; la casa se construye empezando por los cimientos y si no, no tardará en desmoronarse. Primero hay que vivir, convivir, compartir, sobrevivir, sufrir, ver sufrir… y luego ya podremos sentarnos a una mesa a caer en la rutina, para luego descansar merecidamente.

Creemos que por salir tres días de tres en un fin de semana estamos viviendo más que quien no lo hace, que quien prefiere quedarse en casa y charlar con sus compañeros de piso. Creemos que quien prefiere viajar por España en vez de hacerlo por el extranjero es un tío raro. Creemos que todos esos abuelos sólo están esperando el día de su descanso como bien pueden. Estamos muy quivocados y lo peor es que non nos damos cuenta de ello. Están muriendo poco a poco algunas de las personas que más nos podían enseñar y no nos damos cuenta. el mundo ha cambiado mucho, y afortunadamente pensamos que ha sido para bien; pero ¿sabéis que os digo? Aquí me aburro. Porque todos los días veo lo mismo, escucho lo mismo, siento lo mismo… Y muchas veces son cosas vacías. Me aburro de ser lo mismo que el resto y de que todos estemos orgullosos de ser lo mismo que el resto.

Es cierto, dudo que mis abuelos reflexionaran sobre esto. Quizá para ellos todo era mucho más simple. Pero os aseguro que ellos no eran mucho más simples. Sabían lo que era importante y lo sabían porque habían vivido. Estoy seguro de que se les hubiera preguntado, habrían despreciado las modas, los estereotipos y las simplificaciones. También las generalizaciones.

Pero puede ser que ellos también estuvieran aburridos… Aburridos de luchar contra estas cosas y ver como la sociedad y sus nietos les imponíamos sin preguntar un papel que ellos no quieren desempeñar. Y ya no tienen fuerzas para discutir… Pero un día te aprietan la mano y te dicen con una voz enérgica que sólo los que le conocen desde hace mucho reconocen “Te equivocas chico, la vida era muy dura”. Y entonces es cuando te das cuenta y te alegras de haber llegado a tiempo.

Espero que mi padre apriete la mano de mis hijos.

Deseo apretar algún día las manos de mis nietos.

Y que todos lleguen a tiempo.

Posteado por: Viento | 24 marzo, 2008

Silencio desgarrador

La rueda ha vuelto a llegar al mismo punto que tantas otras veces. Manifestaciones, represión, disturbios,… alcanzan una vez más la región montañosa del Tibet, icono de paz y meditación en el falso y despreciable imaginario occidental; y una vez más, los gritos desgarradores de quienes ven pisoteados sus derechos se ven ahogados en la oscuridad de las pantallas negras y el silencio.

Aquí, la mayoría prefiere escuchar promesas vacías y vivas melodías, rutinario precedente de lo que antaño fueron unos juegos para la paz. La perversión de palabras que tantas otras veces han sido acontecimientos en sí mismas conduce al más tupido silencio. Sabemos perfectamente qué es paz y qué es libertad, no olvidemos su significado cuando fríos labios traten de arrebatárselo.

Tenzin Gyatso es el actual Dalai Lama, exiliado en la India desde que en 1959 las autoridades chinas reprimieran salvajemente las protestas de multitud de tibetanos contra el régimen comunista, que en 1950 se había apoderado de la región por la fuerza. En una ocasión dijo así: “Creo en la determinación humana. A lo largo de la historia se ha comprobado que la voluntad humana es más poderosa que las armas”. Que la lucha contra la intolerancia y la barbarie sea nuestra determinación.

“Menos mal que con los rifles no se matan las palabras”

Abrazado a la tristeza, de Fito y Fitipaldis

Posteado por: Viento | 16 marzo, 2008

No olvidamos

Un día como hoy de hace cinco años gente sin escrúpulos decidió comenzar una guerra a miles de kilómetros de sus casas. Quienes la sufren son los de siempre. Muchos no lo olvidamos y recorremos las calles al grito de HOY, COMO HACE CINCO AÑOS… NO A LA GUERRA. No olvidamos.

“La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran”.

— Paul Ambroise Valèry —

Posteado por: Viento | 14 marzo, 2008

Comienza el vuelo

Hace poco alguien me hizo recordar por qué estudio periodismo y por qué siempre me gustó escribir. En uno de los posts de su blog hablaba de una niña llamada Viento. Explicaba que, llamándose así, era muy difícil convencerla de que no podía volar. Mil luces se encendieron en mi cabeza. Quiero que Viento vuele más alto que nadie entre las líneas que a partir de hoy tintarán mis pensamientos y quiero que se acostumbre, orgullosa, a vivir entre las nubes. Gracias Pizpireta.

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