La rueda ha vuelto a llegar al mismo punto que tantas otras veces. Manifestaciones, represión, disturbios,… alcanzan una vez más la región montañosa del Tibet, icono de paz y meditación en el falso y despreciable imaginario occidental; y una vez más, los gritos desgarradores de quienes ven pisoteados sus derechos se ven ahogados en la oscuridad de las pantallas negras y el silencio.
Aquí, la mayoría prefiere escuchar promesas vacías y vivas melodías, rutinario precedente de lo que antaño fueron unos juegos para la paz. La perversión de palabras que tantas otras veces han sido acontecimientos en sí mismas conduce al más tupido silencio. Sabemos perfectamente qué es paz y qué es libertad, no olvidemos su significado cuando fríos labios traten de arrebatárselo.
Tenzin Gyatso es el actual Dalai Lama, exiliado en la India desde que en 1959 las autoridades chinas reprimieran salvajemente las protestas de multitud de tibetanos contra el régimen comunista, que en 1950 se había apoderado de la región por la fuerza. En una ocasión dijo así: “Creo en la determinación humana. A lo largo de la historia se ha comprobado que la voluntad humana es más poderosa que las armas”. Que la lucha contra la intolerancia y la barbarie sea nuestra determinación.
“Menos mal que con los rifles no se matan las palabras”
– Abrazado a la tristeza, de Fito y Fitipaldis –