El siguiente post debería haber sido publicado el pasado domingo 16 de marzo.
La casualidad quiso que hoy, el día de mi cumpleaños, perdiera un tren que debía llevarme de Madrid a Murcia. Cuatro horas por delante. Nervios, disgusto, desazón… Pero ya no. Ahora contemplo Atocha y líneas azules vuelven a recorrer el ancho de un folio blanco impoluto. Dos íntimos amigos, Armónica y Guitarra, hablan melodías en plano de fondo mientras yo, sentado en una butaca mojada por el vapor de agua que cada día resucita este jardín, leo El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano. Quiero dar un abrazo a Atocha:
Las puertas de la estación se abren ante una dulce niña a la que una sombra persigue. Como guiada por un sueño, se va acercando al lugar del que procede la música, pausada, temerosa y ansiosa al mismo tiempo. La parlanchina pareja calla ante la llegada de la pequeña.
– ¿Qué es eso?
– Es el instrumento de Dylan. ¿Quieres tocarla?
– No.
– Te regalo una canción.
– Vamos cariño, es tarde.
Sombra e hija se alejan de la mano al son de Blowing in the wind.
El tiempo cobra muy diversas formas en lugares como éste. Atocha es prisa y pausa. Es recuerdo y profecía. Es presente, futuro y pasado. Atocha es ruido, música, conversación, silencio. He estado aquí cientos de veces, pero hoy, por primera vez, siento Atocha.
eres un traidor! lo has conseguido, ya sólo podré felicitarte en tu 22 cumpleaños.
Por: Pizpireta el 24 Marzo, 2008
a las 10:24 pm